4.08.2009

No cover



Texto aparecido originalmente en mi columna Ojos Bien Abiertos de octubre/2008, en Diario El Universo.

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Algo claro desde el principio: me encanta la música. Colecciono álbumes (y cada vez más mp3) de todos los estilos y épocas conocidas por el ser humano; creo en la diversidad y el eclecticismo al momento de interpretarla.
Jazz vocal (Ella Fitzgerald & Cia.), punk prehistórico (Velvet Underground) o hasta dance francés (Daft Punk, Justice): a la hora del disfrute, la música no tiene limitantes. ¿O sí?

En la diversidad está el gusto. Este slogan, bajo mi óptica, encuentra su excepción en Guayaquil: el desmedido amor del personal local hacia las bandas de covers.
Como todos sabemos, una banda de covers es un grupo dedicado a interpretar canciones de otros artistas: horas, días o meses para aprender música ajena y salir a interpretarla. Una banda de covers es un tiro al aire, una incomprensible traición/tradición que, al menos por estos lares, ha sido perpetuada por una manga de desadaptados incapaces de superponer una voz personal por encima de, simplemente, su voz.

Siempre me he preguntado, ¿si vamos a escuchar una banda de covers, porqué no poner directamente el disco original? Claramente, no veo beneficios en la primera opción: las posibilidades de que la interpretación sea mejor que la grabación son ínfimas (pocos se llaman Frank Sinatra o Kurt Cobain) y, además, el costo de un cuarteto destemplado siempre será más alto que nuestro buen amigo el disco.


Lado A

11:30 pm. Zona rosa, Samborondón y/o Urdesa central. Los spots faranduleros de la ciudad empiezan a coger cuerpo y mientras esa balada añeja de Enanitos Verdes o la última de Juanes salen despedidas desde el stereo del lugar, cuatro desconocidos en busca de sus quince minutos instalan cables y cajas listas a escupir varios cientos de watts.
El ritmo de la noche: las chicas se aplican retoques de último minuto frente al espejo y ajustan sus pies al stiletto. Los varones apuran las últimas gotas y agarran pareja (pelada o cerveza) para darle duro a lo que se viene.
La noche sigue su camino y la gente sigue su camino hacia el escenario en donde una banda local de cuyo nombre no quiero acordarme, saluda y también sigue su camino: una madrugada más entre acordes que revientan y una lucha colectiva para opacar el volumen de las hordas, cientos de voces que destiemplan al vaivén de las interpretaciones de la noche: esa balada añeja de Enanitos Verdes y la última de Juanes.

Lado B
Por supuesto, toda historia (y todo disco) tiene dos caras. Si las bandas de covers pueden compararse a una radio portátil, un aparato presto a reproducir esos tres minutos y medio de moda, existe un sub-género que se lo percibe bastante menos vendido: las bandas tributo.
Estos grupos, al asumir su cancionero desde la perspectiva del homenaje, se ubican en una posición más respetable y comprometida con aquel ídolo de amplia trayectoria, una promesa tempranamente fallecida o simplemente un grupo con suficiente nombre y discos editados para armar un set atractivo para las multitudes.
En nuestra ciudad pululan diversos actos que encajan con el perfil, desde tributos al new wave de The Cure hasta la oscuridad de Black Sabbath y la melcocha ochentera de (otra vez!) Enanitos Verdes.

Guayaquil se perfila como una ciudad en donde muchas bandas han decidido ya su camino: vivir a través de una fama pre-existente. Una decisión discutible y diametralmente opuesta a la incansable búsqueda artística a través de la creación original.
Al final, reafirmo mi premisa: en la diversidad está el gusto. El problema es que, en las bandas de covers, la diversidad pudo haberse quedado al show, pero el gusto no quiso pagar entrada.

2 comentarios:

  1. prefiero mil veces escuchar con mal sonido una nueva propuesta de alguna banda recién salida del colegio y que se aventure a crear nueva música que alguna banda de covers o peor aun alguna banda tributo...

    pero a la gente le encanta... y esos llenan los bares, y pagan los equipos para que al menos esta otra banda pueda tocar...

    nos financia la nostalgia y la mediocridad por así decirlo... y esto es muy turro

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  2. Saludos Automata.
    "Nos financia la nostalgia".
    Que buen slogan.

    gracias por pasar,
    J

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